Es algo ilógico pero increíble. Me paro en una esquina y miro hacia arriba contemplando una barrera inclinada de las vías, atrás de aquella existen los árboles iguales, que en un momento el hombre los habrá plantado y crecieron todos con un mismo tamaño dejando un espacio controlado por cada árbol. Miro, observo, y pienso. Tal vez allá no será igual, allá habrá árboles plantados al azar y cada uno con una historia distinta para contarme, con sus ramas y raíces diferentes. Sigo insistiendo, es algo ilógico pero increíble que me caiga unas lágrimas por alzar la mirada a prestar atención a un simple trozo de madera pintado de rojo y blanco ya casi en sus últimos usos. Adiós, adeaus, bai bái Buenos Aires.
Ya hace tres años que mi casa está publicada en venta. Los primeros dos años si se vendía la casa no existía un destino para ocupar. Esto no me gustaba, pensaba en mis amigos, pensaba ir y encontrarme con nada. Me fui convenciendo a medida del tiempo, las cosas no van tan bien, me quiero cambiar de escuela, hace tres años que estoy en la misma y no encuentro un sentido de diversión en esta casa. Hace un año me convencí que sería bonito cambiar un poco de aire, de ambiente, de historia. Desviarme un poquito del sendero. Finalmente estoy escribiendo mientras mi casa está señada, mientras mi casa espera otras personas que la ocupen. A dos meces de irme, pienso.
Ya empiezo a extrañar, ya empiezo a sentir eso.
Imaginate, que un día te obsequian un gato, ‘pero este gato es tuyo y lo tenes que cuidar bien, fijate las vacunas y suerte con tu vida’, nunca lo quisiste, nunca, y de un día para el otro no lo encontras, lo buscas abajo de la cama, en el horno, en el placard, preguntas en el barrio, nadie vio tu gato, y después ¿qué haces? Ya está, la única compañía que tenía se fue, voló, y vos te quedaste igual que antes, pero con las ganas de tener otro gato para cuidarlo, aunque no lo querías vos fuiste y preguntaste, y lo buscaste. Esto me pasa, solo que ya sé que un día este gato va a desaparecer y, por lo tanto, lo empiezo a querer y disfrutar, empiezo a quejarme, a fijarme la manera de que algo de este gato quedé para siempre en mí.
Pero es triste saber que en poco tiempo ya no voy a estar acá, el tiempo cada vez se acelera y no quiero perderme nada. Quince años viviendo en un mismo lugar, y ahora puedo observar algunas cosas que en estos quince años me perdí.
¿POR QUÉ?
No hay comentarios:
Publicar un comentario